DERROTA EN CLAVE DE SILENCIOS




Algún día el peso del dolor sincero

será avalancha que me lleve,
iré a parar al fondo de mi mar
¡El de mí mismo!

Algún día mi cuadro será mi premio,
basado en las resumidas palabras
de algún verso.
Expondré heridas
y me abriré las venas en estrofas
Enseñaré la costra purulenta de mis ansias,
mis gemidos, mis gritos, mi dolor a solas.
Mi inane premio sin revancha.
El resultado de papel en blanco,
el escrito sin pluma de ave...,
la nunca arrancada
de la textura del deseo entre mis brazos,
con su aire de soledad en mi barca;
sin hipócrita y cambiante pesadilla
ni ese engrudo purulento de vacíos,
para que mis versos me sepulten en catarsis.
¡Os lo juro, que no estaré para soñar de nuevo!

Ni para saber que aún existen primaveras.



Quizás salga un cuadro pasional
con un azul de fondo, mi preferido,
y su blanco marmóreo con marco de madera.

Sólo sabrá mi luna
desangrarse por los agujeros de sus noches.
-¿Me pregunto si los satélites lloran?
Y cómo sueño de amor, sobre mi charca vacía,
me llenarán sus lágrimas, hundiéndonos.

Imagen dulce de su ciega boca, suicidio eterno,
imaginando ocasos que le regalo el rojo carmín del ocaso
para pintar besos en sus labios.
Rojo amor con azules de ternura, para soñar de nuevo
con un premio nunca dado, el del beso no dado,
sellado con lágrimas quemantes como fuego
en sus ojos cerrados, adivinando el brillo de topacios.
Será mi único premio.
Un premio a dos enamorados
que supieron sentirse caminado siempre,
dentro de sí mismos.

Siempre hay un arriba y un abajo para versos,

una charca donde se refleja la luna

con su inagotable languidez de luz,
que supo enamorarme y me llenó de su luz.

¿Qué hace este poeta de ficción que se inventa, si la quiere?


Elisa en: "D. Anselmo".
*

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