miércoles, 14 de julio de 2010

DERROTA EN CLAVE DE SILENCIOS


Algún día el peso del dolor sincero
será avalancha que me lleve,
iré a parar al fondo de mi mar
¡El de mí mismo!


Algún día mi cuadro será mi premio,
basado en las resumidas palabras
de algún verso.
Expondré heridas
y me abriré las venas en estrofas
Enseñaré la costra purulenta de mis ansias,
mis gemidos, mis gritos, mi dolor a solas.
Mi inane premio sin revancha.
El resultado de papel en blanco,
el escrito sin pluma de ave,
¡la nunca arrancada
de la textura del deseo entre mis brazos,
con su aire de soledad en mi barca;
sin hipócrita y cambiante pesadilla
ni ese engrudo purulento de vacíos,
para que mis versos me sepulten en catarsis.
¡Os lo juro que no estaré para soñar de nuevo!

Ni para saber que aún existen primaveras.

Quizás salga un cuadro pasional
con un azul de fondo, mi preferido,
y su blanco marmóreo con marco de madera.

Sólo sabrá mi luna
desangrarse por sus agujeros de noches.
-¿Me pregunto si los satélites lloran?
Y cómo sueño de amor sobre mi charca vacía
me llenarán sus lágrimas, hundiéndonos.

Imagen dulce de su ciega boca, suicidio eterno,
imaginando ocasos que le regalo en rojo carmín
para pintar besos en sus labios.
Rojo amor con azules ternura para soñar de nuevo
con un premio nunca dado, el del beso cobarde,
sellado con lágrimas quemantes como fuego
de sus ojos, con brillo de topacios,
será mi único premio;
un premio a dos enamorados
que supieron sentirse caminado siempre
dentro de sí mismos.

Siempre hay un arriba y un abajo para versos,

una charca donde se refleja la luna
con su inagotable languidez de luz
que supo enamorarme  y dar de lleno.
¡Y decidme!
¿Ahora, qué hago si la quiero?


Elisa en: "D. Anselmo".

*

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