miércoles, 21 de julio de 2010

Dime sino, amigo mío



Dime sino, amigo mío 
para qué es la vida, 
si sentimos lo que duele el alma 
cuando el cuerpo pierde en su partida. 


Dime sino, para qué se espera 
de ese caudal proscrito que nos lleva 
al sentimiento que se abstiene en calma... 
Y tan pronto nos da o nos desarma. 


Y siendo el cuerpo receptor divino 
que siente sus fatigas en su estancia, 
se va muriendo abscrito a la distancia 
que marcan los destinos de su sino. 
... 
Dime, cómo se siente 
y se destruye la flor de la constancia, 
cuando no nos gusta ser un contratiempo, 
esclavo ridículo, desatento, sin ventajas 
que ríe como loco su impudicia 
siendo casual desavencia en su malicia, 
como parte enfrentada al desacierto. 


Un pobre cuerpo que ríe en su mortaja
que se pierde en extrañas sinfonías,
llorando sentimientos escondidos
y se acurrucan infelices en su entraña.


Un nefasto sucedáneo de silencios
perdido en la muecas de sus cantos;
actuando como actor en su proscenio,
desquiciado e inseguro en su quebranto;
y monólogo interior lleno de llantos.
Un pobre más que vive fantasías
haciendo de su misa 'el santo'
o riendo imbécil su quebranto.


Dime, amigo, qué así nos escogió la vida
dejándonos su escueta desnudez vertida,
para enseñarnos lo que hay, un nada más...
en la partida, que ganada o perdida
siempre resulta que será de ida.


Elisa.

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