sábado, 24 de julio de 2010

El mes de la bandera de España (sin que nos digan "facha")

El mes de la bandera de España: "

Porque es verdad que el país ha vibrado como nunca con su Selección Nacional de fútbol, pero es aún más memorable lo que ha pasado con el sentimiento colectivo de pertenencia a la nación. De repente, y en toda España por igual, décadas de complejos, de reticencias, de miedos y de cautelas se han derretido como hielo al sol. De repente, y en toda España por igual, el país se ha descubierto rojo y gualda.
Este mes de julio será recordado, además, como el de la persecución socialista contra Intereconomía, pero también como el del triunfo de este Grupo. Triunfo moral, triunfo en las audiencias y, cosa no menor, triunfo en los análisis. Porque alguien tenía que decir, y sólo aquí se ha dicho, que hablar de la “Larroja” es un invento como otro cualquiera, y no inocente, pero que si había que hablar de colores, éstos debían ser los dos de la bandera. La Selección que nos ha hecho reencontrarnos con nosotros mismos es, sin duda, Rojigualda. Como la nación entera.
No dudo que si el mejor escritor pamplonés del siglo XX viviese y escribiese lo haría aquí. Y hoy es día para recordarlo, porque muchas de sus intuiciones sobre su Patria y su ciudad se han vuelto a demostrar certeras. Una vez más, las fiestas de San Fermín han transcurrido paralelas a grandes acontecimientos que cambiaban la imagen de España. Una vez más, la masa festiva pamplonesa ha sido partícipe activa de lo que se preparaba a la vez que las fiestas. Y una vez más la plaza del Castillo ha sido el escenario inevitable de esa conjunción de elementos. “¿Qué tiene la plaza, vamos a ver?” García Serrano se contestaba a sí mismo: “Ah, pues que es bonita, que pasa gente, que el mundo entero, con todos sus tremendos problemas, se puede resumir entre estas cuatro fachadas, tan diversas, incluso en cualquier hombre o en cualquier mujer de las que ahora pasean. ¿Le parece poco?”
En el diálogo entre Áurea y don Inocencio se descubre una de las claves de la plaza del Castillo, tanto de la literaria como de la real e histórica. Desde hace siglos, todo lo que en Navarra sucede de importancia pasa por la gran plaza de Pamplona; y lo que allí pasa es a la vez reflejo foral de las grandes corrientes de la vida española y de las tendencias que van a predominar en Navarra. Para que algo sea permanente en la vida de Navarra e influyente en la vida de España, ha de encuadrarse en esta plaza, casi fruto de una casualidad urbanística.
El pasado día 11 España ganó su trofeo y Pamplona se descubrió española. Como otras veces, todas ellas importantes, la plaza del Castillo se llenó de banderas españolas, de pasión española, de navarros que se sentían, sencillamente, lo que sabían ser: españoles. La final de la Copa del Mundo dio cauce a un sentimiento que estaba ahí, pero que durante mucho tiempo no sólo había sido mal visto, sino que propios y extraños habían reprimido. No había allí políticos, ni grandes empresarios, ni gentes en proceso de ascenso social. Allí estaba la gente del pueblo, navarros de a pie, ciudadanos unidos e igualados por el nombre de su Patria, no por cálculo ni por conveniencia sino por lealtad y sentimiento.
Nadie que viviese en la plaza del Castillo el gol de Andrés Iniesta olvidará con facilidad estos Sanfermines rojigualdas y la marea de banderas que ha llenado Pamplona. Esas banderas salen de la Pamplona profunda y de la Navarra de siempre, esos jóvenes son la expresión más reciente y más real de lo que Navarra es, quiere ser y debe ser. Han fracasado décadas de adoctrinamiento y de sumisión. Han brotado de nuevo árboles seculares que sólo saben traer flores de este color.
Mientras la plaza del Castillo se llenaba de navarridad (roja y gualda, pues no hay otra) las peñas sanfermineras, que nacieron para la fiesta y que durante el franquismo se convirtieron en foros de la extrema izquierda y del nacionalismo, fracasaron en su intento de controlar otra vez Pamplona. Boicotearon la corrida de toros porque la alcaldesa, Yolanda Barcina, por fin ha decidido de poner coto a su connivencia con ETA. Agredieron a personas que llevaban la bandera de España. Pretendieron merendar en la calle, ostentando desinterés hacia el partido de fútbol. Fracasaron. Son una minoría marginal que no debe tener por más tiempo el control de las fiestas de todos. Sobre todo porque los sentimientos de los más no son, decididamente, los de ellos.
“Ahora ya estoy viejo y cansado y es mentira eso de que se tiene la edad del corazón… Por mucho que nos empeñemos, no hubiera sido posible semejante jornada con una multitud de ancianos provistos de corazón adolescente ni en ellos creemos aunque nos lo juren. Los pueblos se pierden cuando se hacen ancianos de corazón fresco y juvenil, y lo mismo las instituciones, de modo que además de morir y perderse hacen el ridículo. La eternidad de las quintas consiste en asegurar su ordenado relevo”. Las peñas abertzales y los políticos oportunistas y mezquinos son, todo lo más, una Navarra vieja y apolillada. Frente a ellos, una vez más, hemos visto una Navarra joven. Señora, caballero, joven, no lo olviden: han pasado cosas en la plaza del Castillo.
*Pascual Tamburri es profesor de Historia.
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