martes, 13 de abril de 2010

Ancianos

No sé por qué estoy triste
y hago versos,
debiera en mi congoja
apagar mi verbo;
pero acuso a la palabra
que me alienta.

A esta forma de sentir
que me arrebata,
que me lleva toda
a volar sin alma.
No sé por qué la sombras
caminan a mi lado,
con mis historias
de soledades acompañadas,
cuando no son mágicas.

Hoy, he visitado un hospital.

-Los ancianos estaban aparcados-
He visto ojos de muertos vivos
que me hablaban...
y de su espanto reflejado

por mustios rostros graves,
lo cambié con mi risa,
pero al volverme de camino
mi pecho sollozaba.

Imágenes del tiempo
en huesos ya marchitos
sentadas esperaban,
una palabra de ánimo,
un beso de algún hijo
o acaso... una mirada.
¡Y busqué más ternura
y no supe hallarla,
sus ojos me clavaban!

Afuera, ya era tarde,
la luna entre la niebla
más pálida que nunca
¡y lejos, lejos, lejos...
también, también lloraban!

Terminé la noche
con mi yerno y mi hija,
tres copas de vino
y mi llanto en la almohada.

Elisa
2/26/10

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