¿El ser humano sólo utiliza el 10 % de su capacidad mental? (y III)
¿El ser humano sólo utiliza el 10 % de su capacidad mental? (y III): "
¿Entonces alguien podría aún usar su mito de alguna manera, retorciéndolo para encajarlo en lo que sabemos sobre el cerebro? Quizá podría afirmar que el potencial del cerebro en realidad se desaprovecha porque las neuronas tienen escasa moral de trabajo. Si hubiera mayor actividad cerebral, entonces pensaríamos mejor.
Pues resulta que es al revés.
Desde que existen nuevos procedimientos de síntesis de imágenes, como la tomografía por emisión de positrones (PET), se sabe con más precisión qué cantidades de energía consume cada región del cerebro, lo cual ha permitido prescindir del anticuado modelo de este órgano como una máquina de tren. Todas las investigaciones recientes corroboran que las cabezas más claras, las que resuelven determinados acertijos de los tests en menos tiempo, consumen menos energía en el cerebro.
O dicho de otro modo: los que tuvieron más dificultades con los problemas se estrujaron más las neuronas y gastaron más electricidad.
El cerebro universal de 1.400 gramos, que vienen a ser un 2 % del peso corporal, consume cerca del 20 % de la energía total y, además, la pide exclusivamente en forma de azúcar (glucosa). Ahora bien, las operaciones de la razón pueden interpretarse como trasladar unidades de información (bits), o “manipular en el espacio de la representación”, como dijo Konrad Lorenz.
Si no cojea la comparación intuitiva con una actividad física, pensar más implicaría, desde luego, un mayor consumo de energía. Pero también podríamos volver sobre la metáfora del ordenador personal moderno, que tiene mucha más capacidad de proceso y memoria que los antiguos cerebros electrónicos y un consumo corriente infinitamente menor.
Los científicos sospechan que los individuos de escasas luces, pues, padecen la desventaja de unos circuitos cerebrales menos eficientes. Esto lo podemos ver en personas que sufren síndrome de Down, cuyos cerebros consumen grandes cantidades de glucosa, superiores a lo normal.
Y también lo observamos en los adolescentes. Sin embargo, luego, cuando el cerebro alcanza la máxima capacidad para procesar informaciones, disminuye rápidamente el consumo energético.
Vía | Cómo funciona la mente de Steven Pinker / Falacias de la psicología de Rolf Degen
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¿Entonces alguien podría aún usar su mito de alguna manera, retorciéndolo para encajarlo en lo que sabemos sobre el cerebro? Quizá podría afirmar que el potencial del cerebro en realidad se desaprovecha porque las neuronas tienen escasa moral de trabajo. Si hubiera mayor actividad cerebral, entonces pensaríamos mejor.
Pues resulta que es al revés.
Desde que existen nuevos procedimientos de síntesis de imágenes, como la tomografía por emisión de positrones (PET), se sabe con más precisión qué cantidades de energía consume cada región del cerebro, lo cual ha permitido prescindir del anticuado modelo de este órgano como una máquina de tren. Todas las investigaciones recientes corroboran que las cabezas más claras, las que resuelven determinados acertijos de los tests en menos tiempo, consumen menos energía en el cerebro.
O dicho de otro modo: los que tuvieron más dificultades con los problemas se estrujaron más las neuronas y gastaron más electricidad.
El cerebro universal de 1.400 gramos, que vienen a ser un 2 % del peso corporal, consume cerca del 20 % de la energía total y, además, la pide exclusivamente en forma de azúcar (glucosa). Ahora bien, las operaciones de la razón pueden interpretarse como trasladar unidades de información (bits), o “manipular en el espacio de la representación”, como dijo Konrad Lorenz.
Si no cojea la comparación intuitiva con una actividad física, pensar más implicaría, desde luego, un mayor consumo de energía. Pero también podríamos volver sobre la metáfora del ordenador personal moderno, que tiene mucha más capacidad de proceso y memoria que los antiguos cerebros electrónicos y un consumo corriente infinitamente menor.
Los científicos sospechan que los individuos de escasas luces, pues, padecen la desventaja de unos circuitos cerebrales menos eficientes. Esto lo podemos ver en personas que sufren síndrome de Down, cuyos cerebros consumen grandes cantidades de glucosa, superiores a lo normal.
Y también lo observamos en los adolescentes. Sin embargo, luego, cuando el cerebro alcanza la máxima capacidad para procesar informaciones, disminuye rápidamente el consumo energético.
Vía | Cómo funciona la mente de Steven Pinker / Falacias de la psicología de Rolf Degen
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