miércoles, 8 de septiembre de 2010

Comentarios y comparaciones

Comentaba a una amiga un poema donde hablaba de esperar otro amor diferente que no fuese sólo carnal. Y le hacía una comparación de esta forma:
Amor en el amor

Si concupiscente ves tu función
será de fuego su quemazón;
siempre hay que dejarlo si el se acerca...
es mosca al plato con su arrebato
muriendo ganas se va su ardor.
Si en este mundo así fuera todo
sin su prurito de la ilusión,
¡todos, recluidos en los conventos
y en las cartujas en oración!
Pero esta vida tiene razones
de las razones que da un amor,
pero de ese otro que nos eleva
y en Dios se queda como función.

Es el mundano un amor de paso
amor que apaga cada fanal...
cuando llegamos a buen reposo
hay otro tierno pongo, por caso,
¡el más sentido, si fue verdad!
...
Comparo aquí  el Amor  humano el que se siente en esta vida por todo lo material si se razona. Lo que mueve nuestro espíritu para infinidad de hechos, que van marcando con ellos la propia existencia y la del mundo. Pues yo que no soy aficionada asidua o fanática del "arte taurino", los toros, pero sí la bellísima plástica de su arte milenario; conjunto que reúne colorido, historia, poesía, dolor y amo, labor humana y necesidad de ser algo frente a la imponente realidad que representa, dos seres vivos enfrentados, pero hechos de la misma naturaleza efímera, causal y casual que por necesidad de su misma realidad que es vivir, están en la realidad de las historias y cultura de los pueblos; no sólo para ser en sí lo que son y sí ser en lo que están un fin más, en el paso del movimiento y su acción en el tiempo y más. Pues, esa bestia es comparable a la vida propia o la salud, como el amor en la abundancia física en lo que se arriesga instando con su cita, exponiéndose, esperando su suerte, enfrentándose a su frágil naturaleza espiritual y física y se comparte acá, en nuestro mundo sin estar reñida lo humano y lo divino. Es lo que es. Es la ley natural a la que  estamos sujetos, porque vamos pasando de una época a otra. Historia.

El problema es hallar ese punto de equilibrio entre la necesidad del bien mutuo, no el propio. Cosa difícil por mala educación. Falta de verdadero amor o sentimiento convencido de entrega. Ser el cómplice de este juego a veces insensato, resulta bien difícil encontrarle sus claves para vivir como deseamos: la ternura y el romanticismo. Donde muchos, desesperados en su búsqueda o la incomprensión, 'se apean' antes por no aguantar el sufrimiento en un resultado contrario o siguen tolerando la falta mirando el suelo, porque temen tropezarse con lo que no se espera... No sólo es la muerte física la que pone fin al sufrimiento, es esa otra la que hunde más al ser humano, la depresión, cuando no encuentra resortes para saltar a tiempo desde su agujero y muere espiritualmente o enferma.

Y perdonen  el ejemplo que les pongo, que quizá para algunos no sea el apropiado pero me comprenderán cuando les diga esto:
El amor en el Amor es como este bello y perfecto pase en tauromaquia. Parece algo frívolo para quienes no ven más allá de la imagen, olvidando el riesgo de estar allí en medio de una plaza, enfrentándose a una fiera que no sabe que lo es y obra por instinto... Pero el que sí sabe lo que es y así la cita, es un loco o un valiente que necesita demostrarse a sí mismo, que es capaz de morir por lo que siente. Merece nuestro aplauso.

¡Cómo no va haber poesía en el dolor de un riesgo si es comparable al amor!

El amor físico se muere antes que el espiritual porque necesita entusiasmarse con 'su fiesta', sólo desde el tendido porque se ha ido antes al matadero apuntillado el verdadero amor que es el que necesita para seguir vivo, entonces se refugia en lo inmediato, lo que le hace feliz sin arriesgar su alma...

Enlace de la imagen: dejabugoyoros

Elisa 
2010

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