martes, 14 de septiembre de 2010

¿Deben los escritores ser social y políticamente comprometidos?

¿Deben los escritores ser social y políticamente comprometidos?: "
publico-luego-existo.jpgLlevaba un tiempo dudando cuando tocar el manido tema de la relación entre los escritores y su compromiso político, hasta que ayer supe por una noticia de El País que Vargas Llosa publica Sables y utopías, una recopilación de artículos, cartas y escritos con el denominador común de tocar el tema del escritor como referente social. Luego encontré en este blog un post de mi compañera Juliana Boersner y ya me animé del todo. Realmente es un asunto que me apasiona, un debate del que nunca escapo, sino todo lo contrario, me esfuerzo en crearlo: ¿Deben los escritores ser social y políticamente comprometidos?
En el mundo literario hay para todos los gustos. No quiero entrar en maniqueísmos pero está claro que, como en todo debate, es conveniente comenzar presentando las dos posturas más polarizadas. Por un lado están los que opinan que un escritor debe participar en el debate público y aún más: inducirlo y dirigirlo. Por otro tenemos a los que reniegan de tal responsabilidad y creen que un autor debe sólo responder ante su obra y nada más.

Del primer grupo me gustaría destacar al ya mentado Mario Vargas Llosa. Hace mucho que dejó clara su postura con su famoso e interesantísimo debate epistolar con el recientemente fallecido Mario Benedetti (que encontraréis al final del post). El peruano decía entonces, entre muchas otras cosas:
En América Latina un escritor no es sólo un escritor.
Y hace unos días en la presentación del libro citado más arriba afirmaba:

Los intelectuales hoy no sienten la necesiad de comprometerse; creen que los sistemas políticos ya garantizan por sí solos la democracia, pero no es así... en América Latina todo está por hacerse, la democracia no está allí para quedarse. En ese contexto, el intelectual tiene la obligación de intervenir en el debate cívico. El debate fundamental es el de las ideas.

Queda pues más que clara su postura. Por el otro lado, me parece muy oportuno recordar la opinión que manifestó Arturo Pérez-Reverte durante su intervención en los diálogos Diversidad e identidades de los lenguajes narrativos, dirigidos por Carlos Fuentes durante el Forum Barcelona 2004:

Mi móvil es contar historias, transmitir mi interpretación del mundo bajo mi punto de vista, que unas veces es el de la novela y otras el personal (...) Escribo, entre otras cosas, porque me pagan y el lector me lee porque quiere; yo no quiero ser el referente de nadie (...) Yo soy un leal mercenario de mí mismo, de mis aficiones, amores y odios (...) La literatura es algo complejo y ambiguo en relación con la responsabilidad moral (...) Un escritor comprometido debe ser consecuente y necesita explicarse demasiado, y aquello que un lector medianamente culto no puede entender, no existe (...) También hay muchos grupos de poder que quieren apropiarse de escritores, y eso es utilizar mediáticamente a los escritores y los lectores (...) A menudo son los lectores los que proyectan el compromiso en la obra del autor (...) Hay perfectos hijos de puta que son extraordinarios y muy recomendables como escritores.
No hace falta decir que entre estos opuestos hay un sinfín de pareceres. Yo creo que los dos tienen mucha razón. Estoy de acuerdo con el español en que lo importante es cómo se enfrenta el lector a la obra y que los grandes grupos de comunicación intentan aprovecharse del tirón de los autores más reconocidos o exitosos. Pero voy más allá: ya no es que los lectores muchas veces saquemos conclusiones y lecturas que las obras no tienen, es que muchas veces caemos en juzgar a los escritores por lo que dicen y hacen y no únicamente por lo que escriben. Algo que, en mi opinión, debemos evitar; Camilo José Cela me parece un gilipollas redomado, un ególatra acomplejado que colaboró con la dictadura franquista, pero me he leído tres veces La Colmena y no puedo sino admirarlo por ella.

Pero a la hora de juzgar las palabras de Vargas Llosa hay que tener en cuenta que su debate con Benedetti se refiere al caso particular de Latinoamérica. Y comprendo que sea beligerante y que, además de opinar, llegue a exigir a sus compañeros literatos compromiso político-social. Entiendo que el escritor peruano crea fundamental la participación activa de la élite artística e intelectual en la construcción democrática del continente porque considero (con mis ojos europeos) que la democracia latinoamericana aún está en muchos casos muy verde. Por lo tanto me parece que Vargas Llosa hace muy bien pretendiendo que los más cultos se comprometan en la vertebración de una sociedad libre, justa e igualitaria.

hora bien: cada uno que haga lo que quiera. Uno puede esperar que aquellos que son más sabios que la media se involucren en busca del bien de sus contemporáneos, pero no debe ser una exigencia. Además, no siempre la implicación de determinados grupos sociales es positiva porque la capacidad de crear opinión es un arma peligrosa en las manos equivocadas.

En Papel en blanco | Los escritores, la obra de arte, el compromiso y la libertad

Más información | Debate epistolar Benedetti-Vargas Llosa (compuesto por Ni corruptos ni contentos, de Mario Benedetti, Entre tocayos I y II, de Mario Vargas Llosa y Ni cínicos ni oportunistas, respuesta final del primero) extraído del blog literario Cuchillos cachicuernos.

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