lunes, 27 de septiembre de 2010

Terry Pratchett y el derecho a morir

Terry Pratchett y el derecho a morir: "
Tiffany Aching y los Nac Mac Feegle
No hace tanto, el mundo de la literatura sufrió una conmoción al enterarse de que el hijo predilecto de la fantasía cómica, Terry Pratchett, sufría un tipo poco habitual de Alzheimer. Ante la penuria demostrada por sus fans, el autor no tuvo reparos en recordarle, al igual que uno de sus personajes más conocidos, Granny Weatherwax (Yaya Ceravieja) que no estaba muerto todavía.
Como corresponde a una de las voces más influyentes del panorama cultural británico, Pratchett ha realizado un seguimiento intensivo a su enfermedad, llegando a compartir las consecuencias de ésta en un documental para la televisión inglesa. El autor narra su progresiva decadencia con cierto humor negro que le es propio, sigue escribiendo, o más bien dicta a un programa de reconocimiento de voz, ya que él se ve incapaz de escribir y no recuerda la forma de las palabras, aunque habla con la fluidez que siempre le ha caracterizado. Su aguda percepción del avance de su enfermedad, junto con su propia experiencia en cuanto a la larga y tortuosa muerte de su propio padre, han llevado al autor a pronunciarse a favor de la muerte asistida, postura sobre la que habló largo y tendido en la conferencia Dimblebly, un importante evento de carácter anual, transmitido a principios de febrero de este año por la BBC. Pratchett se lamenta de la cantidad de personas que han tenido que salir de su país para morir con ayuda de Dignitas, la organización suiza especializada en eutanasia, y solicita la renovación legal en este área en el Reino Unido. Propone la creación de un tribunal que juzgue, con la antelación suficiente, la conveniencia de prestarle a un paciente la muerte que solicita, sea debido a una enfermedad terminal, una situación de minusvalía o incapacidad intolerable o a un nivel de dolor crónico incontrolable. El autor confiesa que no se vería capaz de solicitarle a sus propios familiares ayuda en una muerte asistida si ésta supusiera problemas legales para ellos, pero recordando el triste caso de su padre reconoce que no hubiera dudado en prestarle auxilio de esta manera si lo hubiera solicitado, considerándolo un deber filial.
Si bien muchos temíamos que su novela previa, Nación, fuera a ser la última, Pratchett sigue luchando contra su enfermedad de la manera que mejor sabe: creando. Lleva ya más de 60000 palabras de su nueva obra,
I Shall Wear Midnight Snuff, en la que, según asegura, el humor será más negro, la realidad será más deprimente y los acontecimientos, más crueles. Pero no importa porque, después de todo, ésta es una novela juvenil (la última de la serie de Tiffany Aching y los Nac Mac Feegle), y Pratchett asegura respetar que los niños y jóvenes adolescentes todavía tienen firmemente instalada en su mente la noción de que toda conclusión narrativa ha de ser, por necesidad, feliz. En un mundo ideal existiría esa misma justicia poética y el final de toda narración, de toda vida, sería también, por necesidad, muy feliz.
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