lunes, 8 de noviembre de 2010

El acecho de una loba (Prosa)


No sé por qué, a veces,
las cosas que amamos están como perdidas;
Guerreamos por la vida lo tanto cotidiano
y naufragamos en pensamientos vacíos.
No sé por dónde se esconde la entereza
si hay amargor de lágrimas fluyendo como río.
¡No sé por qué aullamos como lobos!

¿Quién sabe de la noche si duerme por el día
con su hilar del tejer de cada pensamiento?
... Cuando desde un campo cierto liberan las batallas
los muertos de los siglos, espectros harapientos.
Así es esta historia de amores y de odios
y venga a traer gente... "¡Los hombres del mañana!"

Tenemos una tropa desfilando en las entrañas,
y, desde lo desconocido, propósitos serenos;
hay líneas de batalla y fuego  que nos rompe
y sin estar hundidos hay un...  ¡Sálvense quien pueda!

¿Quién sabe de mis noches, amigos de mi alma?
¡Si saltan saltamontes, la loba va descalza!
Hoy conmigo misma  me atrapa una salmuera,
a la espiga de mis campos y al trigo de mis sueños;
y este dolor ajeno sin tregua que me avisa
costumbre de ser yo, sospecha de quien quiero.

¿Quién entiende mis noche de amiga de la luna?
¡Y esta humana condición de mi animal salvaje!
si me lastiman el alma y lo oscuro me traspasa,
cuando tocan lo mío, mi entraña se revuelve
porque aún siento la vida allí en su madriguera.

¡Porque en este lugar de espanto aún pacen otras bestias,
sin Dios que las castigue, regalan sus miserias!
Por eso os pregunto...
¿Quién sabe de mis noches, amigos de mi alma?
¡Si saltan saltamontes, la loba va descalza!


A. Elisa Lattke V.

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