jueves, 14 de abril de 2011

Los orígenes culturales de la cognición humana

Los orígenes culturales de la cognición humana: "
“En el caso de las funciones cognitivas que los humanos comparten con los primates y otros mamíferos, ha habido un tiempo más que suficiente para que la evolución biológica hiciera maravillas. Pero en el caso de las funciones cognitivas exclusivamente humanas, el tiempo para lograr un sinnúmero de ellas ha sido insuficiente: sólo seis millones de años como máximo, pero más probablemente apenas un cuarto de millón. Una concepción más aceptable es, pues, la que se centra en los procesos que operan con una rapidez mucho mayor –en el tiempo histórico y el ontogenético, por ejemplo- e investiga el modo en que esos procesos crean y preservan las funciones cognitivas exclusivamente humanas. Sin duda, hay funciones cognitivas humanas en relación con las cuales los procesos históricos y ontogenéticos desempeñan sólo un rol limitado; por ejemplo, los procesos básicos de categorización perceptual. Pero cosas como los símbolos lingüísticos y las instituciones sociales son creados socialmente, y, por lo tanto, no es concebible que hayan surgido de golpe plenamente desarrollados durante la evolución humana; algunos procesos sociales interactivos deben de haber tenido un papel en su creación y conservación.”

“La cognición humana es una forma específica, en el sentido literal de la palabra, de la cognición de los primates. Los seres humanos comparten con otros primates la mayoría de sus habilidades cognitivas [...] De acuerdo con la hipótesis que aquí postulamos, los seres humanos presentan una adaptación cognitiva exclusiva de la especie, adaptación que es, en muchos aspectos, especialmente eficaz, porque cambia fundamentalmente el proceso de evolución cognitiva (NT: desarrollo cognitivo del niño).
Esta adaptación [...] consiste en la capacidad de los individuos para identificarse con los otros miembros de su especie, lo cual les permite comprender que estos son agentes intencionales como ellos mismos, que tienen sus propias intenciones y su propia atención y, finalmente, que son agentes mentales como ellos mismos y tienen sus propios deseos y creencias. Este nuevo modo de comprender a otras personas cambió radicalmente la naturaleza de toda clase de interacciones sociales, incluido el aprendizaje social, dando lugar a una forma singular de evolución cultural a través del tiempo histórico[...] [Esta evolución cultural] modificó drásticamente la naturaleza del nicho ontogenético en que se desarrollan los niños; en efecto, los niños modernos interactúan casi siempre con el mundo físico y social a través de la lente de los artefactos culturales preexistentes, que traen incorporado algo de las relaciones intencionales que sus inventores y usuarios mantenían con el mundo. Los niños en desarrollo crecen, pues, rodeados de las mejores herramientas y símbolos que sus predecesores inventaron para hacer frente a los rigores de su mundo físico y social. Además, cuando los niños internalizan estas herramientas y símbolos –cuando aprenden a usarlos mediante los procesos básicos de aprendizaje cultural-, crean en ese proceso algunas formas nuevas y eficaces de representación cognitiva, basadas en las perspectivas intencionales y mentales de otras personas.
Y así [...] mi hipótesis es que no podemos comprender plenamente la cognición humana -por lo menos, no sus aspectos exclusivamente humanos- si no consideramos en detalle su despliegue en tres marcos temporales distintos:
-en el tiempo filogenético, cuando los primates humanos desarrollaron su modo singular de comprender a los miembros de su especie;
-en el tiempo histórico, cuando esta forma característica de comprensión social condujo a formas características de herencia cultural, integradas por artefactos materiales y simbólicos que acumulan modificaciones a través del tiempo, y
-en el tiempo ontogenético, cuando los niños absorben todo lo que su cultura tiene para ofrecerles, y desarrollan en ese proceso modos únicos de representación cognitiva basada en perspectivas.”

“En resumen, podemos imaginar una vez más a un niño solitario en una isla desierta: en este caso, llevado allí cuanto tenía un año, normal desde el punto de vista cognitivo, capaz de comprender las relaciones intencionales y causales, preparado para adquirir el lenguaje, pero que no ha estado en contacto con otras personas ni con ningún tipo de símbolos. Sin duda, este niño, en cierta medida y sin ayuda ajena, reuniría información, categorizaría y advertiría por sí mismo relaciones causales y de otras clases en el mundo. Empero:
-no poseería información recogida por otras personas, ni recibiría enseñanzas de otras personas sobre la causalidad en el mundo físico ni sobre la mente en el mundo sociopsicológico (es decir, no habría transmisión de información);
-no conocería las multiples formas complejas de categorización, analogía, causalidad y construcción de metáforas incorporadas en un lenguaje natural desarrollado durante el tiempo histórico, y
-no conocería opiniones diferentes, ni puntos de vista conflictivos, ni opiniones referidas a sus propios puntos de vista en una interacción dialógica con otras personas.
Por tanto, mi hipótesis es que, en una etapa posterior, ese niño pensaría muy poco en las relaciones causales y en cuestiones matemáticas, y razonaría muy poco sobre el estado mental de otras personas y sobre cuestiones morales. Y ello se debería a que estos tipos de pensamiento y razonamiento ocurren principal o exclusivamente en las interacciones discursivas dialógicas entre el niño y otras personas.”

Michael Tomasello 'Los orígenes culturales de la cognición humana' Amorrortu, 2007 [The cultural origins of human cognition, Tomasello, Harvard University Press 1999]

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