martes, 14 de junio de 2011

EN "EL DÍA DEL ESCRITOR"



Con un poco de retraso os dejo esto 
que me llegó ayer  en el "Dia del Escritor"
¡Gracias, Ethel!
"

La preparación académica y el ejercicio de la propia voluntad, la fantasía e
imaginación son herramientas a las que el escritor añade el inefable vehículo que
es la palabra. Acuden la sensibilidad y el ojo certero para poder crear el fenómeno
literario vistiendo personajes y diseñando escenarios.
         Falta entre estos ingredientes algo primordial: la pluma,  bien puede ser el
teclado... y como soporte, los artilugios que la tecnología aporte.
Sin embargo el problema del escritor no está en ninguno de estos lugares.
¿Para quién escribirá el autor? ¿Estará aquí el problema?
      Una vez elegido el léxico y la manera de presentar su creación, tendrá casi
todo resuelto.  Aunque “El que escribe para todos no escribe para nadie, —dijo
José Pedroni— y el que escribe para sí ha elegido el peor interlocutor, ya que a la
gente no le interesan las tribulaciones personales de un poeta”.        
            Más allá de cómo, el por qué y para quién escribimos, es el publicar una
valla muchas veces infranqueable. ¿Publicará en forma digital? ¿O el autor
confiará en la inmortalidad del libro tradicional?
Cualquier camino que resuelva tomar lo enfrentará al  escollo ingente: las
comisiones pecuniarias de editores y librerías, ya sean éstas virtuales o no.
Y debemos admitir que por igual camino van los ilustradores, compañeros de ruta
en la creación. Kafka no pudo editar sus libros. Joyce no podía publicar su Ulises
por falta de recursos, hasta que dos amigos obraron de mecenas y lo incitaron al
lanzamiento de una edición mínima.
Y hay tantos reconocidos autores que no llegaron a publicar... en nuestro medio el
talentoso Santiago Davobe va como ejemplo.
Pero “Un buen libro no se puede detener jamás”  le dijo J. L. Borges a Abel
Posse, y prosiguió, mientras caminaban por Piazza San Marcos —“Allí tienes a
Hölderin, cuya obra permaneció desconocida por sus mismos conciudadanos
durante sesenta años”.
Podríamos pensar que los obstáculos enunciados son todos los que el escritor
encontrará. Nada de eso. Hay mucho más.
El célebre Miguel de Unamuno vendió en un año apenas diecisiete ejemplares de
Sentimiento trágico de la vida, y esto sí es una verdadera tragedia. Porque el autor
paralelamente ha tenido que trabajar para mantener una familia, con pocas
excepciones.
       Seguramente el escritor que enfrentará más problemas será el que escriba
algo verdaderamente nuevo. Lo nuevo es resistido.  Por otro lado, lo ya digerido
por la gente, vende en el lanzamiento y no tendrá continuidad porque es más de lo
mismo y  su vida será efímera ante el asedio de nuevos títulos en los escaparates.
Vemos que Borges recién vendió sus libros después de haber cumplido más de
sesenta años. ¿Acaso no se sintió abrumado junto a Lanuza y otros escritores
luego de haber sido publicados pocos números de Proa? Mucho le costó a esa
revista de arte y literatura mantenerse en sus comienzos, para convertirse hoy en
un medio cultural prestigioso de trascendencia internacional y tirada fabulosa.
       Los autores actuales están abrumados por la presión de su propia creatividad
que se torna incontenible, por otro lado la disyuntiva en la elección de cómo
publicar, los cambios de precio del papel, las comisiones de los editores en digital
y la encrucijada que constituye la distribución.
Por allí vemos a autores actuales de valor tratando de publicar lo escrito y de
vender lo publicado para no usar las pilas de ejemplares como mesa de luz o
relleno bajo la cama. Muchas veces (casi todas) el lanzamiento de una edición
está condicionada a la recuperación del capital ya invertido. 
El momento se muestra ante desesperados ojos como plagado de oferta y falto de
demanda, porque hay una realidad: no hay lectores.
No hay lectores en proporción a la oferta de lectura, y por otro lado aparentan ser
mucho más seductores los juegos en pantalla, las películas y los programas de
televisión. ¿Aún con el éxito de un fenómeno como la  Feria Internacional del Libro
de Buenos Aires y sus réplicas semejantes en todo el país? La respuesta es: aún
así. Sin embargo una multitud de escritores lucha por publicar, otros que ya han
publicado, pugnan por vender, mientras la pluma, montada en alas de inacabable
catarata creativa sigue su producción como la vida fluye en la naturaleza, en los
ríos... y en las propias venas.
          Dice el angustiado Cesare Pavese, autor de Trabajar cansa y  de El oficio
de vivir:   "En la inquietud y el esfuerzo de escribir, lo que sostiene, es la certeza
de que en la página queda algo no dicho."
         En otro lugar del mundo la escritora japonesa Toyo Shibata creyó que era su
momento y comenzó a escribir... a los 92 años. Ahora, casi en el siglo de vida, sus
poemas son cada vez más populares en Japón. La causa de este éxito de ventas
es su antología de poemas titulada: ‘Kujikenaide’, que en castellano significa: 
                                               “NO DESESPERES”
¡Feliz Día Escritores!                                               
  Miguel Ángel Pizzio "



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