domingo, 19 de junio de 2011

Cuando la fama no es suficiente ( I y II)



Negro literario


Cuando la fama no es suficiente (I)


La existencia de la figura del negro literario no es algo que sorprenda a muchos lectores, si bien hizo falta un escándalo a la española, aquel famoso y aparentemente ya olvidado caso de Ana Rosa Quintana, para traer a la palestra a qué se dedica exactamente un escritor de estas características. Aunque muchas celebridades no niegan directamente que ha habido un profesional que les ha ayudado a construir su historia, muchos argumentarían que el trabajo desempleado por éste (generalmente, además, mucho peor pagado que el desempleado por la celebridad en cuestión) debería ser reconocido.
Es posible que fuera de España haya menos tabúes alrededor de esta figura. En Estados Unidos, por ejemplo, todos saben quién está detrás de las biografías más escandalosas, y muchas editoriales notienen problema en admitir que algunos de sus escritores, aquellos que son conocidos por actividades muy distintas a la escritura, han recibido un apoyo importante por parte de un autor especializado. Las editoriales reconocen la rentabilidad del producto, la estrella reconoce el valor de perpetuar su famaen otro formato más, y el lector recibe información de primera mano del objeto de su afecto, odio o curiosidad.
Posiblemente uno de los casos más conocidos fuera de nuestro país sea el de la política estadounidense Sarah Palin, recientemente de nuevo en el ojo público debido a la liberación de los emails de su cuenta de Yahoo. Lynn Vincent, la verdadera pluma tras el Going Rouge de Palin, no tuvo que ocultar en ningún momento su trabajo, y de hecho es una autora reconocida por sí misma, con profundas convicciones religiosas y políticas que la hacían ideal para el proyecto mediático de Palin. Varias páginas web comenzaron a circular alrededor de 2009 una publicación de algunos extractos del supuesto diario de Vincent, narrando cómo Palin la contrató, con las palabras “necesito a alguien que entienda que el aborto mata a más personas en este país que el cáncer, que entienda que la Biblia es historia, que no es que nos hayamos caído de los árboles y empezado de repente a andar erguidos. Quiero a alguien, Lynn, que entienda que Dios no es el neumático de sobra. Él es el volante”. El supuesto diario parece no ser más que eso, supuesto, pero sin duda su contenido evoca a la perfección la percepción pública de estas dos mujeres política y religiosamente muy conservadoras. En cualquier caso, la unión Palin-Vincent fue tremendamente provechosa para ambas: Palin obtuvo a una autora entregada a su causa, y Vincent consiguió un medio de promoción con el que otros escritores sólo pueden soñar.
La escritura en manos del negro literario, lo que los anglosajones llaman ghostwriting (escrito por fantasmas), tiene toda una serie de connotaciones éticas, debido al engaño aparente de que si un nombre figura en una portada de un libro como autor, se sobreentiende que si dicho nombre realmente nocorresponde al auténtico autor del libro, se está mintiendo directamente al lector. Y de muchas maneras este tipo de escritura, asociada generalmente a biografías, pero presente en todo tipo de literatura, desde cuentos infantiles a discursos políticos, no deja de sorprendernos, más que nada portratarse de un sistema mucho más común de lo que creemos. Hay estimaciones, probablemente exageradas, de que un 40% de los libros publicados hoy en día están escritos por una persona diferente la que figura en cubierta. En la segunda parte de este artículo veremos más casos relacionados con este complicado y polémico tema.



Cuando la fama no es suficiente (II): "
Aunque asociamos esa escritura fantasma, de la que hablábamos en la primera parte del artículo, a biografías de famosos y casos similares, el negro literario no se limita a este tipo de publicaciones. Si bien en nuestro país parece que sigue siendo un oficio de bajo rendimiento, en otros países es una profesión relativamente bien pagada, llegando a percibirse alrededor de $100 por página en muchos casos.
Los mercenarios de la escritura no se limitan a la biografía, como ya hemos dicho. Muchos libros de ficción, sobre todo en el caso de colecciones o sagas de libros, que necesitan una producción acelerada, deben recurrir a escritores complementarios para realizar en un espacio limitado de tiempo todo el trabajo que el escritor principal (generalmente el que ostenta el prestigio) no puede ofrecer. Y esto no es nada nuevo, se cree que en la Roma imperial ya existían textos atribuidos a grandes pensadores y escritores que realmente salían de la mano de escritores contratados. De Alejandro Dumas se decía que tenía más de setenta asistentes que le ayudaron a escribir, entre otros, El Conde de Montecristo o Los tres mosqueteros, y el celebrado autor de terror H.P. Lovecraft obtenía ingresos como negro para otros autores de su mismo género literario. Por no hablar de la inmensa producción de grandes dramaturgos como Shakespeare o Lope de Vega, que siempre ha hecho sospechar a teóricos y críticos.
Más peligroso es cuando el negro literario se asocia con la comunidad médica. Parece ser que es una práctica habitual en muchas empresas de investigación científica el pagar a escritores profesionales para crear contenido que luego lleve la rúbrica de científicos y médicos titulados. Y no nos detengamos en la investigación de laboratorio, algunos de los más inspirados textos religiosos vienen también de la mano de estos profesionales. Se sospecha, por ejemplo, de varias encíclicas papales, entre ellas la controvertida Mystici Corporis Christi, firmada por Pío XII, pero asociada generalmente a la mano del jesuita holandés Sebastiaan Tromp. Y esto no es nada, hasta los columnistas o articulistas de opinión pueden delegar en un escritor fantasma, que también puede recibir ingresos por crear contenido web en nombre de otros, escribir ensayos sobre cualquier tema, letras (y música) para grandes artistas, o incluso llevar un blog bajo el nombre del famoso de turno. La realidad del asunto es que, por mucho que sacralicemos la persona del autor, éste es tan comerciable como cualquier otro producto, y el verdadero trabajo puede quedar, como tantas otras veces, en manos de personas de talento no reconocidas y necesitadas de dinero. Se gestiona como un intercambio comercial: tú escribes, yo te pago. Pero en el fondo uno no puede dejar de plantearse por qué esto no podría realizarse de manera más justa, dando crédito también a ese escritor fantasma en la cubierta. ¿No será, ante todo, una cuestión de ego? Aunque el autor contratado se esté limitando a dar formas a determinadas ideas, incluso a transcribir de manera más aceptable las experiencias o pensamientos de otros más conocidos que él, ¿no forma parte también del proceso del libro? ¿No debería recibir su justo reconocimiento? Existen artículos sobre el tema que lo niegan, insistiendo en que la labor de dicho escritor es la de un simple intermediario. Como siempre, os animamos a expresar vuestra opinión en los comentarios.
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