viernes, 9 de diciembre de 2011

Pascal Quignard, escritor francés

La felicidad se mide por pequeños hechos y detalles de los que se nutre la vida. (alattkeva)

Una historia cualquiera en tiempo de crisis:
 -¡Yo escribo también! -dijo un lápiz a la Pc...
Y ésta, tan orgullosa, murmuró un lenguaje ininteligible para el instrumento de grafito, que no supo el lápiz reconocer y contestar. Estaba muy atareada con todos los dedos de su escribiente acariciando  su teclado, que gemía de placer ante la sipnasis de sus pensamientos.
 Entonces la luz se apagó, dejó de haber electricidad y el hombre que escribía se levantó disgustado y encendió una vela que tenía en un cajón; buscó un cuaderno en un estante y un lápiz que tenía sobre la mesa; recordó que habían restricciones de la electricidad y que prolongarían por mucho tiempo. Después de un rato, cansado de escribir salió a la terraza de su casa a estirar las piernas y comprobó que la ciudad seguía a oscuras, ya no era en las casas, también en las calles y sólo se veían las tenues lamparillas o la luz de las velas tras los cristales de las ventanas. Los semáforos no funcionaban y los pitidos de los autos rompían el silencio entre tanta oscuridad. Todo estaba cambiando y era necesario adaptarse a los tiempos.
Pensó que era también él quien debería hacerlo de inmediato ante toda la comodidad que lo rodeaba y enfrentarse a esos cambios en las costumbres de la sociedad, que tendría que aprender a utilizar de nuevo y más a menudo la caligrafía o su vieja máquina de escribir. El llamado progreso podría estar también en crisis y todo lo que parecía viejo e  inútil o inservible cobraría un valor importante.
La luna había aparecido poco a poco como emergiendo por encima de un bosque cercano, empezó  a iluminar todo y los perfiles de los edificios se dejaron ver en las calles cercanas y a lejos pudo contemplar las montañas. Se quedó maravillado al ver el hermoso redondel plateado y se estremeció, ¡hacía mucho tiempo que no contemplaba un espectáculo así ni tampoco salía a pasear en las noches de luna! Necesitaba no imaginarla cuando escribía y volvió a la mesa para describir lo que sentía y empezó de nuevo a hacerlo a la la luz de la vela...
Después de un rato decidió darse un paseo para recordar, cuánto la luna en lo alto le había aportado a su imaginación como la naturaleza que lo había rodeado y donde había crecido, decidió acercarse hasta el río. Sentado sobre la yerba al lado de un puente, contempló a la luna reflejaba sobre el agua . Ahora entendía porqué la vida le daba tanto y para qué servía ser testigo de la  existencia, ella era el mejor libro que tuvo en sus manos cuando fue niño y su padre lo llevaba de paseo al bosque. Necesitaba sentir la vida de nuevo y no figurársela para creer  que todo ya lo sabía, para escribir sobre ella.

Elisa 
 *"Hagamos sinapsis colectiva y recomendemos lecturas."

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