lunes, 28 de mayo de 2012

'La escritura, el mejor disfraz para decir la verdad'

'La escritura, el mejor disfraz para decir la verdad': ¿Cuál es la fórmula para fusionar literatura y periodismo?Ojalá hubiera una fórmula. La idea es combinar la información periodística con la intensa recreación de la vida de la literatura. Como los viejos remedios de farmacia, para que funcione, la mezcla debe agitarse bien.¿Para qué el periodismo?Permite salir a la calle y ver gente singular con un pretexto legítimo. Además, te enseña que la razón no está dentro de ti, sino en los otros. Es un principio ético que no tiene la ficción (donde el autor puede ser un tirano con sus personajes).¿Cuál es su vivencia personal del terremoto de México de 1985?Significó la devastación de mi ciudad. Fue algo demasiado cercano para narrarlo sin sentirme oportunista. En aquel momento escribí: “Desconfío de los que en momentos de peligro tienen más opiniones que miedo”.¿Y del de Chile de 2010?Fue mucho más fuerte desde el punto de vista de la sacudida. Al mismo tiempo, me obligó a regresar al miedo del terremoto de 1985, en el D. F., y a encararlo para reflexionar sobre el milagro de la supervivencia. 8,8: el miedo en el espejo es el único libro que nunca pensé escribir. Se me impuso como un exorcismo.¿Para dónde va México?Espero que no vaya al abismo, aunque todas las flechas señalan en esa dirección. Lo más arrogante es que algunos dicen: “México se está colombianizando”. Ante esa frase, yo respondo “ojalá”. Colombia ha recuperado gran parte de su tejido social.¿Cómo acabar con la mafia del narcotráfico?Es importante legalizar ciertas drogas; investigar el lavado de dinero y las complicidades de mandos del gobierno, el ejército y la policía; perfeccionar la legislación; mejorar la economía, combatiendo la desigualdad, y, sobre todo, ofrecer alternativas sociales superiores al narcotráfico. La educación es la clave decisiva. A largo plazo, un buen profesor es más importante para solucionar el problema que un soldado.Entonces, ¿sí a la legalización?Desde luego. Pero selectiva y que avance poco a poco. Las comunidades indígenas de México han demostrado que se puede tener un trato social regulado con los estupefacientes.¿Qué es lo bueno y lo malo de ser hijo de filósofo?De niño, es muy difícil explicar a qué se dedica tu padre. De adulto, es un gran tema de conversación.¿Y de ser sociólogo?No quise estudiar letras por el prejuicio ingenuo de que una pasión se convirtiera en un matrimonio forzado. La sociología es ideal para los indecisos, un coctel de temas sociales.¿Por qué escritor?Es el mejor disfraz para decir la verdad.¿Y guionista de cine?Es el peor trabajo para un escritor. Crees que preparas un platillo para el director y los productores, pero el platillo eres tú.Una película que recomiende.Cualquiera de Luis Buñuel.¿Se encuentra entre “los culpables” de qué?El que opina o escribe es culpable de lo que dice.¿Por qué cree que a Roberto Bolaño le gustaba su escritura?Las opiniones generosas que dijo o escribió sobre mí revelan que era un gran autor de ficción.¿Un gol inolvidable?El de Maradona ante Inglaterra, por supuesto.Su jugador preferido.Maradona. Es el único que ha marcado, él solo, una diferencia esencial en un equipo. Es concebible que Brasil ganara un Mundial sin Pelé. Es imposible pensar que el Nápoles o Argentina hubieran triunfado sin Diego.¿Cree en Dios o sólo en el “Dios redondo”?Creo en los milagros, la santidad, el alma y la sobredeterminación religiosa de todas las cosas. Supongo que son suficientes elementos para creer en Dios.El estadio donde ha sido más feliz.En el Olímpico de Roma, cuando el Barça conquistó la Champions (2009) y en el Estadio de Ciudad Universitaria, cuando el Necaxa conquistó la Copa ante el América, a finales de los años sesenta.¿Su canción de rock preferida?Lucy in the sky with diamonds, de los Beatles.¿Qué “efectos personales” siempre carga?Las llaves de mi casa.Un chiste mexicano.En México la gente se la pasa bien. El problema es que la realidad se la pasa mal.Un vicio que lo acompaña.Hablar demasiado.¿Y su próximo libro?La novela Arrecife, que Anagrama publicará en marzo.¿Revelaría alguna de sus “golosinas secretas”?La principal es el café. Hoy cometí el error de opinar antes de la primera taza y dije una estupidez. No sé si me corrijo mucho después, pero al menos tengo más confianza en lo que digo.¿Una anécdota con tu editor Jorge Herralde?Cuando murió Roberto Bolaño él escribió un discurso fúnebre. A la mitad de la lectura en el tanatorio, rompió a llorar y no pudo seguir leyendo (Rodrigo Fresán, que también era orador, lo hizo por él). Con frecuencia se recuerdan las facetas duras de los editores. Nunca olvidaré a Jorge, vencido por su afecto a un escritor extraordinario.¿De qué has sido testigo presencial?Del Mundial de Pelé (1970) y el Mundial de Maradona(1986), la primera reunión de los zapatistas en la selva tojolabal (1969), el terremoto del DF (1985) y el de Chile (2010), el segundo premio en poesía que ganó un autor desconocido llamado Roberto Bolaño (1976), una lectura de tres horas de Truman Capote (1980), un concierto de los Who, en Düsseldorf, con Keith Moon en la batería (1975), el gusto de repudiar a la prensa y reconciliarse con ella de Mick Jagger (2001), la serenidad de Yoko Ono (1997), Salman Rushide escondido en los sembradíos de Tequila (1997), la caída del PRI (2000) y, lo más importante, el nacimiento de mi hija (2000).Defina la experiencia de escribir libros para niños.Hay que poner en juego una fantasía desaforada y someterla a una lógica rigurosa. A los niños les seducen los juegos complicados, siempre y cuando tengan reglas inquebrantables.¿Una lección del taller de Augusto Monterroso?Escribir cuentos te prepara para escribir novelas, pero al revés no pasa eso: el cuento es más difícil.¿Qué partido de fútbol planea ver el fin de semana?Osasuna-Barcelona.¿Hincha de qué equipo mexicano?Necaxa, tristemente en segunda división.¿Y tus equipos internacionales?Sólo hay uno, que por ahora es el mejor del mundo: FC. Barcelona.¿Te sirvió de algo ser diplomático?De manera práctica, para vivir en Alemania, perfeccionar el alemán, conocer el socialismo realmente existente. Nada de eso tiene que ver en forma directa con la diplomacia (como oficio, no me interesó y lo dejé después de tres años en Berlín).¿Y profesor de Yale?La Biblioteca Sterling es una de las mejores del mundo y dicen que le sirvió a Umberto Eco para ciertos detalles de "El nombre de la rosa". Estuve en los seminarios de Harold Bloom y en el de Frank Kermode. Pero sobre todo, puse a prueba lo que creía saber de literatura latinoamericana y tuve que organizar y razonar mis pasiones.¿Recomienda una película?Cualquiera de Luis Buñuel.Define en una palabra:Berlín: ¡Sok!Praga: ¡Wow!Ciudad de México: ¡Chin!Bogotá: ¡Ups!¿Una anécdota en Colombia?Afuera de la Catedral, una mendiga gigantesca nos dijo: "Tengo tanta hambre que me voy a comer al más grande de todos ustedes". Le dimos limosnas generosas.¿Un amigo colombiano?Hugo Chaparro Valderrama, Director de los Laboratorios Frankenstein.¿Un escritor colombiano que recomiendas?Héctor Abad Faciolince. Leí "El olvido que seremos en un avión", rompí a llorar y no me importó en lo más mínimo. Le conté esto a Pablo Ordaz, que era corresponsal de El País en México. Me dijo que le pasó lo mismo: fue vencido por la emoción de esa historia en un avión y lloró sin la menor vergüenza. Abad Faciolince logró en ese libro magnífico que el dolor fuera una forma de la dignidad.¿Y uno mexicano?Jorge Ibargüengoitia, maestro del sentido del humor, algo no tan común en nuestras letras.¿Un escritor universal que lo marcó?Son demasiados, pero no sería el que soy sin Dostoievski, sus arrabetadas emociones y sus turbulentos personajes.¿Qué libro estás leyendo?"The Swerve", de Steven Greenblat, sobre el buscador de libros que en el Renacimiento recuperó un libro extraviado: "De la natura de las cosas", de Lucrecio.

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