viernes, 7 de junio de 2013

¡Las comillas por favor!






*No todas las palabras duelen, sólo aquellas que vienen de alguien que te importa, su verdadero autor.*
Una persiste en confundir el tiempo, en hacerse de los helecho unicelulares, por ejemplo; desplegar el armazón de velas rotas en su barca e ir  izando trapos del alma pero bien lavados aunque no tengan suavizante... Me resigno a los diez mandamientos sin banderas mientras la 'Sacrosanta Madre' no los aumente y lo corroboré "El diablo cojueloque está en todo. Porque el mal alardea de ser bizantino empedernido y todos lo aguantamos sin hacer nada, aunque sólo seamos muchos más los 'escribidores' sin beneficios y no gente a la que ya le editan sus obras y antologías, etc., pero los buenos y los menos como los que no tenemos opción de nada dentro del mundo de la letras, hacemos algo más que no siempre es  por entretenimiento o diversión, pues nos gusta ser honestos porque se quiere que sea original y muy nuestro. Unos y otros debemos defender lo que hacemos y eso nos beneficia a todos, si denunciamos a quienes se aprovechan y se llevan de vez en cuando un aplauso que no les corresponde.
Los jamacucos de la tensión son muy oportunos a mis años y me resuelven todo con mareos porque me hacen sentir bien, como si conmigo no fuese la cosa pero una ya tiene años y ha leído bastante como para no darse cuenta de 'los camuflajes' para no ser señalado quien plagia. A veces pienso que estoy en las nubes y temo caerme ante lo que veo, pero como se gravita con mis mareos me creo Santa Teresa de Ávila sin comer judiones o "judías del Barco de Ávila", con perdón de la santa y 'sus vuelos', así que paso por alto lo que debería denunciar. De todos modos se está bien en esa nube de 'mansedumbre inducida' por un estado de levedad natural...¡Ja!  Una que es así de ingenua o prefiere serlo, por una vez en la vida cree que ya ha tocado el cielo con lo poco bueno que hace, ¡y tan feliz!... ¿Para qué buscarle más patas al diablo? -me digo- y, luego consolándome añado: Elisa, todo en la vida se sabe "y las mentiras son de patas cortas"...

Entonces los dilemas se propagan por mi mente y piden consejo. Las neuronas no quieren saber nada -¡las muy cobardes!-y se echan la culpa unas a otras como los políticos y, por pensar demasiado durante el derroche de palabras baldías, las que nadie escucha o lee; has aprendido a ser prudente ante tanta paráfrasis inútil; mientras, la verborrea se orina de la risa defendiéndose del laxante con egos que se toma cada día o que la dan a diario. Ninguna de las palabras se hace cargo del estado mental de sus autores- seguro-, eso lo tengo hasta yo misma asumido, pues no soy nada en este hacer que tanto compromete la voluntad del pensar para ser original aún investigando no cometer un estúpido error si te olvidas ''las comilla''; las pobres temen ser llevadas a juicio en caso de no decir toda la verdad pero se dan golpes de pecho tan contentas porque hay quien traga entero sin ellas. Las palabras son como los perros falderos, se acostumbran a estar en el regazo de sus amos dormitando mientras reciben caricias aunque estén pulgosas y rasquen.

Siento que por momento un contubernio de consejos se precipita sobre las descabelladas ideas y tienden a buscar mi carótida por hablar más de la cuenta y, la realidad gramatical hace conjuros con mis escritos, por intentar ser decente con la autoría responsable de mis actos cuando escribo. Se sublevan los verbos al límite de sus conjugaciones y me aguantan la sintaxis llena de vicios, pero es mía y hasta necesita comillas por ser de quien es. Algo es algo para evitar morir de un colapso de subjuntivos, -dicen las oraciones infladas por la influencia de lo ajeno ante un derroche de decencia que puede borrarme del mapa o coger la risa boba.

Nadie entiende cómo se propagan los males de las voces sueltas... que critican los hechos mientras callan, pero sí se preocupan de los contaminadas acciones verbales dispuestas a morir por falta de comillas, ante los que no dicen abiertamente... ¡Las muy desvergonzadas! ¿A ver quién dice o pone las cosas ajenas en su sitio y no lo que hasta ahora se ha vuelto una grave costumbre, quedándose el causante tan campante sin poner comillas?... ¡Muy mala costumbre que no voy aceptar cuando lea de ahora en adelante cosas que sé que no son de quien dice escribirlas!

Por favor no nos olvidemos de ellas nunca, pues lo ajeno merece un respeto aunque sea del mejor amigo y no esté registrado por su autor. No todo mundo lee para creer lo contrario, es decir, que quien así de bonito escribe resulta que se aprovecha de lo que otros han pensado y escrito y lo sueltan por ahí con ligeros cambios. Encima, no sé si por quedar bien o porque no saben, esos que los leen sueltan una alabanza desmedida (¿o, irónica?)... y, el miserable que sabe perfectamente que lo que ha puesto no es suyo hasta da las gracias y se deshace en más comentarios. Para mí es incomprensible, tanto como quien lo sabe y me lee que esto pasa y nos pasa y lo callamos. La admiración por los demás también merece credulidad, debe ser honesta, pero por favor tengamos respeto u ética por lo que no es de nuestra autoría.

Así de sencillo es todo lo que es y debe ser moralmente justo. Por eso los signos de admiración se sorprenden, no aparecen donde deben estar de la vergüenza ajena y se esconden ante la sorpresa de sus lectores, allí donde más falta hacen para mandar a la ñorda a quien se atreve.


Australia Elisa Lattke Valencia
2013

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