PENSAMIENTOS DE CHARCA

Foto de Australia Elisa Lattke Valencia.
A veces al llegar aquí a este lugar de ocio creativo o ‘terapia ocupacional', para una parte. Como para otros no lo sea así, por convertirse en plataforma de necesidades de todo tipo, incluidas las publicitarias o patrocinadoras del medio. Voy observando y leyendo y me dejo caer en su tobogán de ideas, realidades que admito e incluso de humor que relaja, de sueños prohibidos, de promesas de papel o de soporte virtual en las que no creo; de ideas que afirman seguros cielos; pero también en infinidad de problemas de nuestra sociedad y, sobre todo, del dolor ajeno que enseña a vivir, porque no podemos negar que lo haya. No hay salida para quien mete la mano en un cubo de basura, y busca entre desperdicios comida. Y lo hace cuando nadie lo ve o cree que no lo ven.

Porque, aunque creamos pintar la existencia de colores y dar frecuentemente pinceladas de positivismo, ella es como es en la de cada uno, y no hay que engañar ni engañarse con milongas para tapar la realidad o, por falta de lo esencial, conciencia, la que nos libera de ser verdaderamente solidarios; la que nos recoge y proporciona un equilibrio útil; y no un equilibrio estéril o egoísta, si muchos ya disponemos de un nivel de vida aceptable.
Las teorías espirituales, no consiguen llenar todos los vacíos materiales. Sólo son un medio para no hundirse más entre la falta de amor, el desconocimiento y el no tener trabajo para cubrir las necesidades básicas. Las teorías morales aplicadas no llenan tantos vacíos ni dan la felicidad, pero si son un recurso para no caer más bajo. Se puede ser gente de bien en las penurias, pero también ricos de espíritu. Pero se debe aprender antes desde la cuna a cultivarlo, para cuando lo esencial, aplicarlo a la vida y sobrevivir con menos o casi nada y aprender a no hundirse.

Me preocupan los zapatos ajenos, los que no nos ponemos para experimentar otras vidas. Adquirir esas otras experiencias y hablar sobre ellas, tal como son y se sienten en otros pies, estando seguros de lo que corregimos o deseamos para otros, enseñando y aconsejando. No es justo dar lo que no llena estómagos ni abriga del frío u ofrece esperanza de vida mejor, cuando falta un trabajo o conocimientos útiles para saber hacerlo bien. De eso sé bastante. A mis años no se llega sin conocer lo que estaba hecho para observar o servir a mi aprendizaje.  

Me preocupan las ideas descalzas que se visten sólo de amor. Las que no vemos cómo lucen en esos otros cuerpos que se callan, humillados por las deudas o por los impuestos. La que se esconde detrás de una sonrisa de apariencia, porque no es necesario contar lo que está pasando. Me entristece el infortunio de los engañados  y de los que prefieren la paz al escándalo, por no hacer valer sus derechos. Me duele que, quienes hayan estudiado, siendo eficientes profesionales, se vean mal pagados o estén desempleados por falta de justicia social que valore su esfuerzo. Sé que la angustia se viste encorsetada de orgullo, pero, aunque coma mierda, sabe callar con elegancia.  Me duele que la sociedad  permanezca en silencio ante la maldad no castigada. Hay gritos de angustia en los silencios de resignación en personas con cultura y educadas, pero no se arreglan con una charla espiritual o un coaching. No siento decir esto,  porque razono la existencia tal como la veo y he visto desde niña. Vivir en contextos sociales diferentes, creencias y formas de pensar es una ayuda, me ha dado otra visión de la realidad sin perder la base de lo que antes aprendí para no olvidarlo: la fe y la esperanza en Dios. Me gusta quererme y ser como soy para poder comprender y amar a otros. Pero a no supe vender lo que sabía y conseguir el peldaño que me brindaban, rompiendo con una vida de continua enseñanza. Es y será mi sino.  
 Y, como en una rampa se desliza de nuevo el argumento por el tobogán hasta que tocó la Verdad... Es una terapia. ¡Este suelo real que me mantiene erguida me vale! Entonces, pienso y me veo inútil ante lo que conozco y desconozco del mundo pues los años no dan ya para mucho. Aprendo más. No arreglaré nada pero puedo decir lo que pienso. Este suelo, de todos modos lo pisamos todos, enseña todavía a ver claro y no a mirar solamente; a oír y no escuchar. Es bien poco lo aprendido, pero me sirve de bastón espiritual, ese sí que lo es porque no me desvía del camino honesto hacia la luz, aunque no pretenda más que apoyarme en el, cuando reflexiono. Puedo calzarme de sueños alados y  puede vestir mi realidad con lo escaso que tengo, sin esperar milagros. Y mientras no sea yo la que me mueva o lo demuestre, nada hago porque lo sea. No hay tiempo.
A estas alturas mientras subo y bajo del tobogán de la imaginación, subo y me dejo caer para sentir de nuevo las pequeñas glorias de cada día. Como niños felices con nuestro diario hacer, buscamos un poco de diversión. Lo que sí es cierto es que esta plataforma virtual puede ser efectiva en algunos casos concretos: cuando ya se han hecho deberes fuera, viniendo aquí para dejarlos en su 'tablón de anuncios'. Se deduce que no es solamente ocio lo que nos trae y sí alguna cosa cierta, tangible, encomiable, que se hace o germina a partir de nosotros si se demuestra. Afirma el tiempo que no se pierde. Esa felicidad individual espiritual de la que sí se puede hablar.  No hay cosa mejor en la existencia propia que demostrar que algo hacemos para estar a mejor altura, dentro de nuestros propios zapatos o zapatillas de andar por casa. 
Por eso la luz a la que nos encaminamos nos pertenece a todos. Aún es parte de un horizonte general, una esperanza compartida que nos alegra.  No sé por dónde dejé mi calzado, ando sin el,  soy una 'rana', eso es lo mejor que me puede pasar.

alattkeva




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