jueves, 4 de mayo de 2017

...una esquela


Escribir cada día sin más hacer o esperar, es como una esquela...
Es posible que no se hallé lo que buscas o esperes, por ejemplo: esa maravillosa..."Habitación con vistas" o "Un cuarto propio", de la que nos hablase la maravillosa escritora Virginia Woolf.

Comentaba que: "para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio"
Seguro que quien halla la paz en su entorno, también es porque ha conseguido domesticar lo que altera ese momento... Lo que no favorece la concentración y la entrega.
Las buenos escritores, la mayoría, tienen su vida resuelta en lo básico y trabajan en solitario. Aunque se permitan algunas aventuras amorosas, experiencias como alimento físico y espiritual, derivado del trato con los otros, raramente están en su hogar  y al cuidado de una familia. Eso es de valientes por la gran responsabilidad moral que se adquiere. La gran mayoría disfrutan de un lugar tranquilo, donde ejercen esa necesidad de sentir la inspiración, sin ser interrumpidos. Les colabora la soledad y un retiro perfecto. Dependen del respeto de la familia y de sus amistades y de los temas escogidos, que no se convierten jamás en 'esquela'. Y sirven por su interés, a una parte de la curiosidad de los lectores.
Leyendo un sórdido poema sobre un terrible destino, escrito por una poetisa norteamericana, tal vez ficción o realidad. Ves claramente, que nadie se resuelve tan fácil en el campo de sus relaciones con el lenguaje, si no es por su editor o viceversa; porque hace de su vida un escenario social, donde la comunicación exprime todo aquello que dan los buenos creadores, como también los mediocres. Todo vale para ambas partes. Si no es así de qué sirve la tarea, donde la comunicación moderna es un muelle para ambos o sólo lo es para uno. Me entristece leer a autores que aspiran a algo y ven que sus sueños se quedan en unos pocos libros sin hallar acomodo en ese mundo de literatos. bien por sus temas o porque a la crítica no le interesa hablar de lo que que quizá no entiende la mayoría, pues el mundo está ajeno a muchas cosas que no son las que colaboran a mejorar los intereses espirituales de millones de seres humanos, sí, los mercados exigen para la demanda. Pero para ello hay que rodearse de un buen marketing publicitario, donde el tema en cuestión, pueda dar lo esperado. 

Si, la incomunicación de quien escribe, se convirtiese en un fracaso o sometimiento al medio, hallando sólo comodidad sin compromiso en el que resuelve su necesidad creadora, como ocurre y pasa a la gran mayoría de aficionados, (entre los que me hallo); no es cuestión de contentarse con una recopilación de los propios trabajos u obra escrita. Es decir, una simple "antología, dos o tres a lo mucho con suerte, pero no de ventas, sí como libro coleccionable como regalo de autores sin éxito o desconocidos, que llena los huecos de cualquier librería o estantería. Mientras, en estos medios, el autor malo, perezoso o cómodo, dialoga con los conocidos y amigos virtuales, sin perseverar en esa 'iluminación' a través de buscar mejores resultados. Aunque sepa que los tiene. Bien, estudiando o investigando sobre el tema en cuestión que más le gusta, pero también, porque se tienen aspiraciones elevadas o convocatorias con el lenguaje escrito y trabaja aunque fracase muchas veces, Pero ya es esfuerzo el intento y sin huir del sano compromiso con la palabra. Y no es bueno contentarse con poco. Hay que ser original.
Pero no deja de ser ésta, la originalidad del creador, un desgaste por cansancio intelectual -y lo es para los buenos pensadores-, haciendo de su vida un espacio cerrado y hermético, donde sin saberlo o sabiéndolo, escribe y escribe su propia obra o la convierte en 'esquela necrológica', sin editarla nunca. Y me pongo por caso.
Es el lector que tiene la última palabra, sin duda alguna y con aquellos que sí saben escribir, entre los que no me encuentro.
alattkeva
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